2 2 - Iturbide: del “traidor” borrado al libertador incómodo que consumó la Independencia

Iturbide: del “traidor” borrado al libertador incómodo que consumó la Independencia

Febrero 5, 2026

En la historia oficial de México, su nombre suele aparecer entre sombras: para unos, traidor; para otros, héroe incómodo; para muchos, simplemente ausente. Agustín de Iturbide -militar realista, consumador de la Independencia y primer emperador constitucional- fue presentado como una de las figuras más complejas y polémicas del país durante la conferencia “Dragón de Fierro, Libertador de México y Primer Emperador Constitucional”, impartida por el historiador Joaquín Espinoza Aguirre, en el marco del 272 aniversario de la fundación de San José de Iturbide.

Con una narrativa crítica y documentada, el especialista expuso el contraste entre el Iturbide borrado de plazas públicas -como la estatua ecuestre que existió en San José de Iturbide en 2021 y que pocos meses después fue retirada- y el personaje que encabezó el Ejército Trigarante y firmó la Independencia nacional.

La charla, desarrollada en el Auditorio de la Presidencia Municipal, contó con la presencia del alcalde Manuel Montes de la Vega, su esposa, Ana Paola Quintana Gil, presidenta del DIF Municipal; la subsecretaria de Vinculación y Desarrollo Político de la Secretaría de Gobierno del Estado de Guanajuato, Elvira Paniagua Rodríguez, así como representantes de la sociedad y funcionarios de la administración pública.

El conferencista sostuvo que Iturbide no es un personaje olvidado, sino poco leído y frecuentemente simplificado. Recordó que, a dos siglos de su ejecución en Padilla, Tamaulipas, existen alrededor de 40 obras dedicadas a su vida, donde se le retrata como figura contradictoria: combatiente feroz de insurgentes y, al mismo tiempo, artífice de la separación definitiva de México respecto de España.

Espinoza Aguirre explicó el origen de sus tres apelativos más conocidos: “Dragón de Fierro”, por su habilidad extraordinaria como jinete; “Libertador de México”, por encabezar la consumación independentista en 1821 -en paralelo a figuras sudamericanas como Bolívar, San Martín y O’Higgins-; y “Primer Emperador Constitucional”, por encabezar un imperio moderado que, en su momento, representó una fórmula política innovadora, aunque hoy suene contradictoria.

Nacido en Valladolid -actual Morelia- en 1783, de clase media, Iturbide inició su carrera militar al servicio del virreinato. Combatió con dureza a los insurgentes, entre ellos a Morelos, y rechazó sumarse a la rebelión de Hidalgo en 1810, pese a versiones posteriores que hablan de una invitación directa. Su postura, dijo el historiador, respondió más a su idea de orden, religión y estabilidad que a un rechazo absoluto de la Independencia.

Como comandante en la región del Bajío encabezó campañas particularmente violentas. La guerra -recordó el ponente- dejó escenas de ejecuciones, represalias y abusos de ambos bandos, en un conflicto que costó la vida a cerca del 10 por ciento de la población. También mencionó acusaciones severas contra Iturbide, como secuestros colectivos y excesos militares, que derivaron en procesos y su destitución en 1816.

Durante su retiro forzado, empobrecido y resentido con la Corona que -según su percepción- no reconoció sus méritos, comenzó su viraje político. El historiador señaló que buena parte de la imagen escandalosa sobre su vida privada proviene de panfletos republicanos posteriores, como el de Vicente Rocafuerte, escritos con intención política para desacreditarlo en el escenario internacional.

PUNTO DE QUIEBRE

El punto de quiebre llegó en 1821 con el Plan de Iguala, proclamado el 24 de febrero, que propuso una tercera vía: independencia, religión católica y unión social. Con ese acuerdo logró sumar a antiguos realistas e insurgentes, entre ellos Vicente Guerrero, y dio origen al Ejército Trigarante y a la bandera de las tres garantías, antecedente directo del lábaro patrio y del actual Día de la Bandera.

La campaña trigarante atravesó el Bajío y el noreste guanajuatense -incluyendo territorios de la entonces región de Casas Viejas- hasta culminar con la entrada del Ejército a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821 y la firma del Acta de Independencia al día siguiente.

Iturbide fue proclamado emperador en medio de respaldo popular y militar, encabezando un imperio que se extendía desde Alta California hasta Centroamérica.

Su caída fue rápida. Presionado políticamente y sin respaldo suficiente del ejército, abdicó en 1823 y partió al exilio. Regresó en 1824, sin saber que existía un decreto que lo declaraba traidor y proscrito. Desembarcó en Tamaulipas ante rumores de reconquista europea, fue reconocido, detenido y fusilado sin juicio formal. Tenía 40 años.

Como cierre, el historiador subrayó la ironía histórica: cinco grandes líderes de la independencia -Hidalgo, Allende, Morelos, Iturbide y Guerrero- murieron ejecutados como traidores.

Señaló que la llamada “leyenda negra” del emperador fue construida en gran parte por sus adversarios políticos, mientras que su legado -la consumación de la Independencia y la creación del Ejército Mexicano- permanece, aunque su figura siga generando debate.

La conferencia dejó sobre la mesa una pregunta social de fondo: si la memoria pública se construye con estatuas, billetes y homenajes, o con el estudio crítico de los hechos. En San José de Iturbide, donde su nombre da identidad al municipio, la discusión volvió a abrirse con rigor histórico y sin consignas.

Concluida la conferencia, el alcalde Manuel Montes de la Vega y el director de Casa de Cultura, Óscar Alejandro Marín, entregaron un reconocimiento al historiador de La UNAM.