Septiembre 3, 2025
Bajo un cielo gris y solemne, a la una de la tarde, las puertas del templo se abrieron para recibir a la oficial María de la Luz Godoy Gallegos en su último encuentro con la fe que la acompañó en vida. La misa de cuerpo presente, oficiada por el padre Jonathan Basaldúa, fue más que un rito religioso: fue un abrazo colectivo, un instante de silencio que estremeció cada rincón del lugar.
Ahí, entre el eco de los rezos y las miradas húmedas, se encontraban el alcalde Manuel Montes de la Vega, el titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Presbítero Ávila, integrantes del Ayuntamiento y un numeroso grupo de elementos de la corporación, quienes, con el corazón abatido y el uniforme impecable, despidieron a quien fuera su compañera, su hermana de causa y vocación.
Al concluir los oficios, el silencio se hizo profundo. El féretro, llevado con manos firmes pero temblorosas, avanzó lentamente hasta la carroza, mientras en el atrio, dos filas de oficiales se extendían como un pasillo de honor. No eran simples despedidas; eran suspiros que quedaban suspendidos en el aire, miradas que decían lo que las palabras no alcanzaban.



Comenzó entonces el penoso recorrido hacia el Panteón Municipal. La ciudad entera pareció contener la respiración, pero al paso del cortejo la gente le brindó aplausos a la oficial. El féretro, escoltado por unidades de Seguridad Pública y Protección Civil, avanzaba entre calles que guardaban silencio, roto solo por el sonido profundo y desgarrador de las sirenas, que esta vez no llamaban al auxilio… sino que lloraban con ella.
En cada esquina, en cada mirada que seguía el cortejo, se dibujaba el respeto a una mujer que dedicó 17 años de su vida a servir y proteger. María de la Luz no se iba sola: la acompañaban las oraciones de su gente, las memorias compartidas y la certeza de que su entrega quedará tatuada en la historia de San José de Iturbide.


Ya en el panteón, sus compañeros realizaron el «pase de lista» para honrar la memoria de María de la Luz.
Porque hay despedidas que no terminan en el panteón. Hay nombres que, como estrellas, siguen brillando mucho después de que el cuerpo se ha ido. María de la Luz Godoy Gallegos partió, pero su voz resuena en las calles, en los uniformes, en las sirenas que la despidieron con honor… y en los corazones que nunca olvidarán su valor.

